Estos primeros días de primavera camino buscando narcisos, caléndulas, nazarenos, alguna planta quizá desconocida, hojas de orquídeas que todavía no pueden estar en flor. Nos sorprende al paso una lluvia de pétalos. El viento deshoja las flores de los almendros y las trae hasta nosotros, dejándolas caer sobre nuestras cabezas. Cada día trae consigo un pequeño regalo. La felicidad, pienso, debe consistir en percibirlo. Por eso camino atento, distraído pero a la vez profundamente atento, no vaya a perderme el regalo de hoy. Queda en la tierra una nube de pétalos, y otra, más allá, como sombras blancas bajo los almendros. El mismo paisaje es cada día un paisaje distinto. Hoy se ha convertido en un mundo al revés, confundiendo cielo y tierra, volviendo blancas las sombras, pétalos las gotas de lluvia. Convirtiendo esta primavera en otoño, haciéndome imaginar un otoño en primavera.
