Esta mañana salgo a pasear con Gredos. LLueve ligeramente, pero no hace frío. Me sorprende escuchar un insistente gru gru que llena este paisaje de Almonacid de la Sierra. Es un sonido extraño aquí. Levanto la vista al cielo y contemplo formaciones de grullas dirigiéndose al norte, para pasar la primavera y el verano. Extrapolando, calculo que entre las 11 y las 12 de la mañana más de mil grullas sobrevuelan la Sierra de Algairén. Después del frío del invierno la naturaleza parece estar deseando la llegada de la vida. Todo empieza a cambiar lentamente. Los primeros almendros están ya en flor. El paisaje se tiñe un año más de rosa y blanco, y una vez más la humedad en el aire desdibuja las colinas lejanas, los campos de vides y de almendros, las casas del pueblo allá al fondo.


