Hace frío estos días. La nieve ha cubierto los almendros, las viñas, los olivos. El cielo está gris y nadie recorre los caminos. Me gusta salir a pasear con Gredos. Respirar el frío. Dejar que la tristeza se convierta en vapor de agua, se mezcle con el paisaje. De alguna forma el paisaje refleja mi tristeza de estos días, la sensación de acabamiento, de muerte, de ausencia. El frío nos protege. Detiene el curso de las cosas. Con el frío los sentimientos no duelen. La mirada se torna lenta, se llena de paz, de aceptación. Este frío me reconcilia con la vida.
Amo este paisaje que recorro una y otra vez, esta tierra que no me pertenece y en la que soy un extranjero. Un forastero que ha venido a habitarla, sin raíces. Los árboles y las viñas tienen su arraigo, sus siglo de presencia. Sólo yo en el paisaje soy extraño. Pienso que soy un hombre que contempla pasar las cosas. Mi hogar viaja conmigo, se encuentra en mi mirada. Pienso que soy un caminante
Y sin embargo estoy agradecido a esta tierra que me brinda un cobijo. Recorro sus caminos, fotografío sus campos, y por la tarde, ya en casa, pongo en orden las fotografías. Bebo un vino rojo que ha crecido en estas viñas y escribo en esta página, en cualquier lado. Días como este me proporcionan un poco de paz, me hacen sentir una vez más que el mundo es increíblemente hermoso.




